domingo, 10 de diciembre de 2017

A dos pasos de ir a la cárcel

Hace unos años tenía la costumbre de buscar fondos de pantalla para mi computadora, wallpapers que iluminaran mi escritorio y motivaran mi trabajo diario. Si estos fondos hubiesen tenido como temática la naturaleza salvaje o los autos, nada tendría hoy que escribir aquí, pero la temática fue más bien el contenido adulto, y eso fue causa de mi pesadilla.

Crestomatía: http://www.rentacine.com
Cuando se explora en internet por pornografía lícita, cosas normales como imágenes de mujeres desnudas, los buscadores de alguna manera encuentran el modo de dirigirte a lugares con contenido que uno no busca, como sitios de pedofilia u otras cosas igualmente desagradables.

Existen sitios porno que hacen ver a las actrices como menores de edad, aunque realmente son mujeres adultas que, por trabajo, se prestan a juegos fetichistas. Puesto que ya tenía conocimiento de sitios como estos últimos, una vez accedí a un website que me pareció ser de la misma clase; pero una vez ahí, pensé que o bien esa página había hecho un muy buen trabajo maquillando a las mujeres para hacerlas ver como menores de edad, o bien esas mujeres eran realmente menores de edad. Ante la duda, abandoné el lugar y cerré la ventana de inmediato, intentando no infectarme de nada.

Días o semanas después recibí un email de la Procuraduría General de Justicia de mi país en el que se hacían patentes datos que parecían identificarme, como la IP de mi computadora, mi ubicación y el navegador desde el cual había yo accedido a un sitio de pornografía infantil. ¡Oh, Dios!, mis ojos nunca se abrieron tanto como ese día ante la negra sorpresa a la cual me enfrentaba en ese momento. El correo comenzó a hablar de cárcel y de hórridas consecuencias penales. Para ese momento mi corazón ya palpitaba como pelota.

Entonces me dije: "¡Yo no voy a ir a la cárcel, yo no!"; y comenzaron a pasar toda clase de ideas tenebregosas por mi mente, como que la polícia estaba a 3 segundos de manotear la puerta de mi casa para determe; y continuaba repitiéndome una y otra vez: "¡Yo no voy a ir a la cárcel, yo no voy a ir a prisión!", como si en verdad hubiese cometido un delito.

Crestomatía: https://3deep5me.wordpress.com
Mi locura llegó a tal grado, que en mi cabeza entró la idea del suicidio: yo prefería mil veces morir que ir a parar a una prisión mexicana donde seguramente terminaría como carne desecha, sin humanidad, sin dignidad.

De pronto, no sé cómo, en un momento de tenue lucidez comencé a ver cosas raras que antes no veía, que increíblemente no percibía: como que algunas palabras del email estaban en inglés, o como el hecho de que el Estado me pidiera hacer un depósito en un OXXO si en verdad yo quería evitar este terrible embrollo.

Finalmente, después de 5 minutos de terror pánico, de un miedo paralizante, caí en la cuenta que ese mensaje era una tontería, una farsa, una burda extorsión.

Todos tenemos miedo y está bien, es normal. Pero lo que no puede pasar es que ese miedo nos ofusque la mente al grado extremo y estúpido en que me pasó a mí, que si bien no me orilló a realizar ninguna tontería, sí me hizo pensar muchas.

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