domingo, 26 de marzo de 2017

El dolor no desaparecerá nunca

¿Han visto las publicaciones Atalaya relacionada con la Iglesia Evangélica donde se muestra a gente de todas las razas conviviendo en paz, e incluso junto a las bestias más feroces que por alguna razón se han vuelto dóciles?

Antes de soñar en escenarios semejantes, veamos lo siguiente.

El dolor en su infinidad de presentaciones, el disgusto, el malestar, la insatisfacción, etc., es aquello que nos mueve, es la razón de por qué todos nosotros salimos todos los días a trabajar, a jugar, a hablar y a hacer todo lo que hacemos cada uno de los días de nuestra vida.


Crestomatía: http://morirencasa.weebly.com/el-sufrimiento.html
Si fuéramos seres completos, satisfechos en todo sentido, no habría en nosotros ningún movimiento, ni hacia adelante ni hacia atrás. Pero como estamos llenos de carencias, nos movemos y buscamos siempre lo que no tenemos con el único fin de completarnos a nosotros mismos. Ésta es la razón de por qué el dolor es el acicate de las obras humanas. El dolor es la razón de nuestra vida, de lo que somos.

Así las cosas, y escuchemos bien esto, el dolor y la imperfección en general son eternos y no es posible que el ser humano los erradique o halle alguna vez la forma de vivir sin ellos.
La naturaleza propia del ser humano (y no sólo de él sino de todo lo vivo en general) es tal que el hombre no sería ser humano sin un corazón lleno de imperfección y sufrimiento.


Crestomatía:  http://www.attacmadrid.org/?p=3475

La consecuencia inmediata de la desaparición del mal, el mal como imperfección en general (si acaso pudiera soñarse en algo semejante, como en las publicaciones Atalaya mencionadas en un principio), es que el hombre dejaría de moverse, de buscar, porque ya sería un ser satisfecho del todo, porque estaría completo y no necesitaría absolutamente nada.., y esto, esto mismo no es la definición de ser humano.

domingo, 19 de marzo de 2017

Dreamers en México, una auténtica desgracia para ellos

Los dreamers son jóvenes que desde pequeños han llegado como indocumentados al país de las barras y las estrellas, como parte de un intento de sus padres por mejorar su vida. La mayoría son mexicanos.

No es cosa fácil salir del país y dejar atrás la vida que uno tiene; si lo fuera, seguro una gran parte de la población mexicana ya hubiera hecho maletas, convirtiendo este país en un auténtico pueblo fantasma.

Los dreamers llegaron siendo niños a Estados Unidos. Hoy, la gran mayoría son adolescentes y más grandes aún, hombres y mujeres que cursan niveles superior de estudio. Los dreamers son más estadounidenses que mexicanos, aunque propiamente no tengan la ciudadanía norteamericana, y más aún, entiendo que muchos de ellos ni siquiera se sienten mexicanos aunque lo sean oficialmente. Se han criado allá, han vivido allá, hablan inglés como nosotros hablamos español y se han educado en un contexto en el que todas las cosas son bien diferentes, y la mayor parte mejores, respecto de las que se viven aquí en México.

Crestomatía: https://amanager.mx/archivos/fotos/notas/2016/08/15/beneficia-plan-en-eu-a-569-mil-dreamers-f99687dd719c4e8bc6a39e946c3d9ef7.jpg

Si las políticas migratorias de Trump siguen adelante, y los dreamers acaso se ven obligados a regresar al país del que los sacaron, sería una desgracia tal para ellos que si a todos nosotros nos desalojaran de nuestros hogares y nos obligaran a refugiarnos en las casas chiapanecas más miserables, donde no hay progreso ni educación posibles. Eso, eso es lo que les va a pasar a los dreamers si llegan a México: llegarán a un pueblo sin Dios, cuando antes vivían en pleno primer mundo.

Crestomatía: http://static.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2016/11/Trump-2-960x500.jpg

En muchos lugares se habla de las décadas de atraso económico, educativo y tecnológico que tiene México respecto del promedio de los países integrantes de la OCDE. Se habla unas veces de 20 años, otras de 75 y hasta se llega a mencionar un siglo completo atraso.

Crestomatía: https://divagando.lamula.pe/media/uploads/9e7fd4b1-4aa4-4dca-834b-ef7ae7a2ae90.jpg

¿Y es aquí a donde van a parar los cuasi estadounidenses llamados dreamers, a un país que mide en décadas y hasta en siglos su retraso respecto de Estados unidos y el resto de los miembros de la OCDE? Los dreamers dejarán de serlo si el sino desgraciado los hace regresar al país que les dio la vida, porque su existencia dejará las vías del progreso para ingresar a un país retardatorio que va a obligarlos a dejar de soñar y a dejar de ser llamados, por ello mismo, dreamers.

domingo, 12 de marzo de 2017

La forma de ateísmo que todos profesamos

Platón hablaba de varios tipos de ateísmo. Uno de ellos, el peor, consistía en intentar complacer a los dioses con ofrendas y regalos solicitando a la divinidad un pequeño favorcito. Era la peor forma de ateísmo, decía Platón, porque era tratar a los dioses como si fueran perros que se contentaran con los huesos y las sobras de nuestra mesa.

¿Acaso esto nos suena familiar? Sí, claro que sí. Hoy día y desde hace mucho existen nuestras mandas y sacrificios para convencer a Dios de que nos dé tal o cual cosa. De este modo, los creyentes católicos ejercemos la peor forma de ateísmo de que hablara Platón hace tiempo.

Crestomatía: https://laislaoeste.files.wordpress.com/2016/03/peregrinacion-a-basilica-nuestra-senora-de-la-monserrate-hormigueros.jpg

Como lo comenté en el post relacionado con la posible imperfección de la divinidad, no soy creyente. Pero cuando lo era, pedía a Dios cosas a cambio de otras, como si a él, en caso de existir, le interesara en algo cualquier bien que yo pudiera tener.

Cuando muy probablemente a él no le interesa nada de nada lo que pudiéramos tener. ¿Que pudiera interesarle nuestras buenas acciones? Esto es bastante dudoso, si, como sabemos, el mal es condición sine que non de nuestro mundo; y en cuanto tal el mal no puede desaparecer nunca (como lo vimos en este otro post) de este mundo. Ergo, las buenas acciones son al parecer lo que Dios menos quisiera que aparecieran en esté mundo.

domingo, 5 de marzo de 2017

Todas las cosas existen en mi mente

¿Alguna vez han pensado en que, quizá, las cosas que ven no existen fuera de su cabeza, digamos, por ejemplo, como si todo fuera un sueño? Cuando soñamos todo lo que vemos, todo, está dentro de nuestra cabeza y ni remotamente, ya despiertos, pensamos que tales cosas existieran fuera de nuestra mente.

Les pregunto nuevamente, ¿les ha pasado por la cabeza alguna vez la idea de que, estando despiertos, todo aquello con lo que se encuentran no es otra cosa que su propio pensamiento, parte de ustedes?

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Si se lo han preguntado temo decirles que no son tan originales como pensaban. Ese tema fue largamente tratado en una época del pensamiento humano: la modernidad filosófica, y de esto ya pasó un buen rato.

Ser es ser percibido, decía George Berkeley (el verdadero, no yo). Con ello él quería decir que las cosas tales como las sillas y los árboles no podían existir solas o por sí mismas, sino que para existir debían ser pensadas.

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Esto que les cuento ahora a mí me tomó bastante tiempo entenderlo, como quince lecturas completas de Los principios del conocimiento humano de Berkeley; pero una vez que lo hice, una vez que encontré el sentido de esa expresión (ser es ser percibido), ¡pum!, fue como si un rayo me hubiera caído en la cabezota, obligándome desde entonces a dejar de ser tan tonto a la hora de emitir juicios sobre la verdad de las cosas de nuestro mundo.

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La teoría sobre que una cosa sensible como un árbol existe sólo en cuanto es percibida, sin duda que resulta increíble y harto extravagante. Lo es, efectivamente, y cuando Berkeley la echó al mundo para el conocimiento de todos, recibió más burlas que el más tonto de los seres humanos. Pero si dejamos las mofas para más tarde, e independientemente de los objetivos que Berkeley persiguiera al contarnos su magnífica teoría, debemos otorgar a Berkeley la razón. No hay de otra, no hay posibilidad de error, él tenía razón, la tenía: todo lo que vemos y tocamos a través de nuestros sentidos son puras y francas ideas, es decir, son pensamientos y por ello sólo existen en la mente.

Si entendemos que la mente, nuestra mente, trabaja sólo con ideas (porque por ejemplo no es el árbol mismo el que está en la mente, sino su idea), todo aquello que tocamos, es decir, percibimos, debe ser a su vez una idea, de lo contrario no podríamos percibirla. Reiteremos esto porque es fundamental, lo único que la mente puede percibir son ideas, o sea, percepciones. Por tanto, el árbol, la mesa y todas esas cosas sensibles que amueblan nuestras vidas, deben ser ideas; y en cuanto son tales, nosotros somos capaces de percibirlas. Ergo, ¿dónde están las cosas materiales que antes suponíamos existentes fuera de nuestra mente?

Si somos razonables, diremos: «Pues ahora no estoy muy seguro, voy a reflexionar esto». Pero si en verdad somos personas razonables, el tiempo que nos tomará reflexionar tal cosa se contabilizará en años.