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domingo, 24 de diciembre de 2017

El hombre mejor que Dios

Siempre he tenido un organismo que sin importar lo que le dé de comer, quema grasa y calorías tan eficazmente como si fuera una máquina nueva recién aceitada. Mi organismo no engorda nunca e incluso quema calorías estando sentado o acostado. Otras personas no pueden decir lo mismo, que no metabolizan su grasa y calorías pero ni corriendo 3 maratones al día. Los seres humanos como yo, evidentemente, no tienen ningún mérito por ser delgados: si somos así no es gracias a seguir un régimen alimenticio tal que nos lleve a la consecuencia feliz de un cuerpo sano y grácil, sino simplemente a que así somos.

Crestomatía: https://goodmenproject.com
Uno siempre se maravilla de que haya personas tan desenvueltas frente a una cámara fotográfica o delante de un micrófono, que no hacemos más que halagarlas por ello. Les hacemos apología porque nosotros, por el contrario, somos bastante torpes para hacer lo mismo.

Pero, un momento, ¿por qué halagamos a una persona por ser como es si lo que es no es producto de ningún esfuerzo? Si una mujer es hermosa de nacimiento, ella goza de una belleza que no es consecuencia de ningún trabajo, y lo mismo podemos decir de toda clase de cosas que somos o tenemos sin que tales bienes nos hayan costado una sola gota de sudor, porque están en nosotros sin ningún cultivo, como los hongos que nacen solos en todos lados sin que nadie los llame.

Crestomatía: http://www.motivateyourpassion.com
Por tanto, quienes por derecho deberían ser objeto de halago son, por contra, quienes no nacieron como son; y que ahora son como son gracias a su esfuerzo y lágrimas, cosas que las personas que nacen siendo como son, no conocen ni advierten nunca. Tal como pasa con los hijos de los ricos, que nacen llenos de oportunidades: en ellos, pocas cosas son dignas de elogio ya que no tienen que hacer mucho para lograr una vida estable y exitosa. Obviamente la cosa es otra cuando los pobres dejan de serlo o acceden a la clase media.

Ergo, se entiende por qué en cierta época del pensamiento humano, algunos pensadores llegaron a decir que los hombres eran mejores que Dios; ya que ellos llegaban a ser lo que eran gracias a sí mismos, lacerándose las manos y pies y muchas mutuamente para lograr la civilización, el pensamiento, la ciencia y el resto de perfecciones adquiridas; mientras que Dios llegó a ser lo que es sin pena y, por tanto, sin gloria. Él, Dios, en consecuencia, no merecía halagos por ser bueno, ni sabio ni fuerte.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Las mujeres y la poca conciencia de su obesidad

Francamente me resulta muy extraño cómo algunas mujeres obran de tal modo que pareciera que se ven a ellas mismas como otras personas, y no como son en realidad.

La parte trasera de un autobús, microbus, pecero, etc., tiene espacio razonable para 4 ó 5 personas de complexión media sentadas con cierta comodidad. Pero hay mujeres, muchas de ellas con sobrepeso evidente, que solicitan permiso a los pasajeros sentados allí, para a su vez tomar asiento. Esto en el mejor de los casos, en los peores, sin pedir permiso se sientan abriéndose paso con la fuerza que les provee su cuerpo adiposo.

Crestomatía: https://m.taringa.net/
La pregunta es razonable: ¿por qué esas mujeres obran así, como si no advirtieran que no hay espacio suficiente para que siente una nueva persona, y más aún una cuyo cuerpo cuenta por dos, y, según las circunstancias, a veces hasta por tres?

Crestomatía: http://www.alamy.com
Dando vuelta la página, recuerdo una ocasión en que tuve una cita a ciegas, o más bien, medio a ciegas, porque sí conocía a la chica al menos por un par de fotografías que previamente me había compartido. En esas fotos, la chica se mostraba bastante guapa y sobretodo delgada. Pues bien, llegó el día de conocernos. Al verla no podía creerlo, la chica resultó no ser guapa ni delgada, sobretodo delgada. Es probable que llevara consigo unos 40 kilos más de los que mostró inicialmente en las fotografías.

Crestomatía: http://www.risasinmas.com
En resumen, quizá podemos concluir que muchas mujeres no tienen conciencia de su obesidad, obrando de tal modo que pareciera que no se ven a ellas mismas con sobrepeso, sino como mujeres relativamente delgadas, lo suficiente como para solicitar permiso para tomar asiento en un lugar donde difícilmente cabría una niña delgada de 9 años..., lo suficiente como para no sospechar que la obesidad no es precisamente atractiva y que seguro harán pasar un muy mal rato a su triste cita a ciegas.