domingo, 20 de noviembre de 2016

El lado bueno de la pobreza

En algún momento llegué a escuchar esto: No hay que hacer nada por mejorar la calidad de vida de los pobres, después de todo ya están acostumbrados a vivir así.

Independientemente de las diatribas que podamos lanzar contra quienes sostienen una idea semejante, hay algo en ella que tiene mucho de cierto; y lo que tiene de cierto también lo tiene de valioso.

Yo nací en un hogar humilde, uno en que no hubo lujos de ningún tipo y en el que, por supuesto, no hubo agua caliente disponible en los lavabos. Y aunque con el tiempo la situación económica mejoró bastante, nunca sentimos la necesidad de modificar las instalaciones para proveer agua caliente en el lavamanos.

Hace tiempo viví unos cinco años en una casa que sí disponía de agua caliente en los lavabos, pero nunca la usé, ni siquiera en invierno. La pobreza de mi infancia me endureció lo suficiente para no necesitar una comodidad como esa. Ahora, esto mismo podría decir yo de muchas otras carencias que tuve en mi vida de hijo de familia y que ahora de adulto no me hacen falta.

Hay mucha gente que tiene la suerte de nacer en una familia que puede proveerse de comodidades y lujos. Desgraciadamente, muchas de esas familias cuentan con padres que no piensan, como los animales, y proveen lujo tras lujo a su hogar sin pensar un momento en hacer algo para que sus hijos entiendan que tales comodidades no son necesarias, y que si llegan a verse en un contexto en el que no existe tal abundancia, no se muerdan la lengua engreída que tienen y se nieguen a acomodarse con lo que hay.

Crestomatía. http://st-listas.20minutos.e


¡Quién no conoce personas que por alguna razón se niegan a dormir en el piso cuando llega el momento de hacerlo, o habitar algún tiempo en una casa con techo de lámina, a comer pobremente, a defecar en un baño sucio e incluso a lavarse las manos si el lavabo está grasiento!

Crestomatía. http://edicionlimite.com.ar

Existen personas que aún habiéndose criado en familias pudientes, no muestran debilidad ni asco cuando tienen que vérselas con el ambiente de amistades pobres. Pero muchas otras no. Si la pobreza tiene algo de bueno, es precisamente eso, que capacita a las personas a vivir en donde y como sea. La pobreza abre a las personas, dotándolas de aptitudes para vivir en múltiples contextos, no necesitando las almohadas satinadas y perfumes de diseñador que los más ricos tienen en casa.



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