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domingo, 2 de julio de 2017

Esa tontería de la infidelidad

La literatura sin duda refleja el pensamiento y conducta de la sociedad en que vive el escritor, así que no podemos pensar que una novela de pura ficción es sólo eso, ficción, cuando realmente podemos encontrar mucha realidad en ella. Y si bien la realidad a la que nos referimos no está relacionada con la trama en sí misma, sí lo está en el contexto, en el ambiente, como en el siguiente caso.

Hace tiempo leí Ana Karenina de Tolstoi, y francamente es de sorprender cómo en esa época el matrimonio y la infidelidad tomaban un papel importantísimo en la sociedad rusa decimonónica, y seguramente en toda Europa y para acabar en cualquier lado. Tanto, que Tolstoi hizo que el personaje principal, Ana Karenina, padeciera innumerables fatigas a causa de algo que hoy es, sin duda, una de las cosas más intrascendentes a nivel público con las que nos pudiéramos encontrar: tener un amorío, es decir, fuera del matrimonio.
Crestomatía: https://upload.wikimedia.org/
Que una mujer descubierta en su infidelidad era algo terrible a los ojos de la opinión pública, lo manifiesta también otro escritor (éste no de ficción sino de pensamiento crítico), llamado Friedrich Engels, que llegó a escribir:
Lo que es para la mujer un crimen de grave consecuencias legales y sociales, se considera muy honroso para el hombre, o a lo sumo como una ligera mancha moral que se lleva con gusto.
Crestomatía: http://static.iris.net.co/fucsia/upload/images/2016/10/31/75050_1.jpg
Pero el mundo gira, y a veces bastante, tanto, que hoy en día la infidelidad en una mujer sigue siendo una fuente de problemas, por supuesto, pero el asunto normalmente no alcanza proporciones tales como para que la opinión pública orille a nadie al precipicio terrible del suicidio. Ana Karenina terminó muerta gracias a la presión pública sobre el tema de su amorío, cosa que no deja de sorprender hoy en el siglo XXI, cuando la cosa, al menos vista desde donde yo la veo, no deja de ser una tontería que debería culminar con una separación amistosa y cada parte a seguir buscando lo que necesita..., que la vida está llena de oportunidades (y desoportunidades, claro).

domingo, 11 de diciembre de 2016

Los más "llegadores" en la literatura: Rusia

Recuerdo cómo hace años me puse de pié frente a mi librero y, casi por azar, tomé la primera obra que alcancé con la vista. Al leer el título se formaron en mí expectativas bastante altas, ya que la obra tenía renombre histórico. El libro resultó tan apasionante que leía varios capítulos al día. Una vez que terminé con 2/3 partes de la obra, decidí racionar su lectura y leer tan solo un capítulo a la vez, es decir, un capítulo diario. ¿Por qué? Porque no quería que llegase el día en que abriera el libro y no tuviera más para leer.

Crestomatía. http://se-trata-de-libros.blogspot.mx

Pero el tiempo no perdonó y no quiso mantener mi estado de cosas: ese libro y yo contra el mundo. Cuando mis dedos dieron vuelta a la última hoja resultó que no había más palabras, ni una sola; las hojas habían terminado, y me dije: «¿Pero, y lo demás? Si esto no ha terminado, ¿dónde quedó el resto de mi libro?». Finalmente, con tristeza decidí cerrar la tapa de la obra, resignándome a no encontrar más que el inútil colofón con los datos del editor.

Crestomatía. http://rominaopina.cl 

El autor de ese libro pintó a los personajes de tal modo, tan crudamente, que pensé que el personaje principal era yo, yo mismo, hundido en la miseria. Llegué a identificarme tanto, que al comenzar la última tercera parte tenía cierta esperanza de ver morir al personaje principal, atacado por las manos vengadoras de un desconocido, o quizá por sus propias manos, en un suicidio que terminara con la vida de ambos, de él mismo, Raskolnikof, y yo.

Crestomatía. https://i.ytimg.com/vi/iYonPV5Ryzo/maxresdefault.jpg 

Creo que pocos son los libros que marcan verdaderamente a las personas. Esos libros son como hechos ad hoc para nosotros. Son libros que sin conocernos cuentan nuestra historia.

Crestomatía. http://www.nerdcast.net

La expresión llegador (o en este caso, llegadora) probablemente no sea entendida por alguien no hispanohablante, por ejemplo un ruso. Significa aquello que mueve en lo profundo a una persona, es decir, aquello que le viene o llega con fuerza. En este sentido, Dostoievsky dijo en boca del tipo figurante en las ilustraciones de arriba:
¡Y entonces iré por mi pie al suplicio, porque no tengo sed de alegría, sino de dolor y de lágrimas!
Dostoievsky es el escritor de esta semana. Un autor que pone trémulos a sus lectores, los cuales se ven teñidos de tristeza por los rayos dostoievskyanos que hieren todo cuanto les rodea. Crimen y Castigo, nada más que decir.