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domingo, 18 de diciembre de 2016

Disertaciones sobre los "pelados" de barrio

Si alguna vez han vivido en alguna colonia de clase baja, habrán advertido que muchos de los vecinos no cambian nunca. Siguen siendo los mismos que cuando niños, ahora a los 30, 40 ó más años.

En esas personas no se advierten cambios importantes de lenguaje o en relación a los gustos musicales o a las amistades, y desde luego a la educación. Por tanto, para muchos de ellos, a los 16 años (por poner un número) la evolución paró. Dejaron de adquirir vocabulario nuevo, y su vida comenzó a andar como sobre un riel de tren, tan recto y monótono como fuera posible.

Crestomatía. https://i2.ytimg.com/vi/QmDIvpNMRk0/0.jpg

Tales personas no adquirieron el gusto por otros deportes más que el que conocieron cuando niños (como el futbol mexicano). Lo mismo puede decirse de la música: su gusto quedó encerrado en el ámbito de lo vulgar. Otros más, los peores, siguieron bebiendo alcohol como cuando jóvenes y juntándose en pandillas de barrio, y después de 10 ó 15 años se les sigue viendo ansiosos por las fiestas y las reuniones sociales, igual, igualito que cuando eran adolescentes.

Crestomatía. https://i.ytimg.com/vi/C7iSf45DKwA/hqdefault.jpg

El tiempo, solo, no cambia a nadie. El tiempo necesita de otros elementos para modificar a las personas. Como no puedo hablar de nadie con seguridad más que de mí mismo, anotaré una experiencia propia muy simple. Durante los primeros semestres de la Universidad no leía otra cosa que a los griegos. Sócrates y Platón me hablaban todo el tiempo de lo bueno, del bien, tanto, que sin darme cuenta llegó el momento en que yo mismo pensaba así. A partir de ahí se metió en mi cabeza la idea de que yo tenía que ser un vigilante del bien y de la forma correcta de obrar, si no en los otros, al menos sí en mi propia persona. Desde entonces, y por poner un ejemplo cualquiera, si acaso llegaba a toparme con un letrero de no pase o algo semejante, caminaba tres kilómetros y medio o más si era preciso con tal de obedecer la regla y no pasar por donde se me indicaba que no lo hiciera. En ese entonces (y aún hoy) entendía que las reglas están ahí por algo, para hacernos la vida más fácil a todos, y quebrantarlas nos lleva al caos, al desorden.

Crestomatía. http://maithe-conacentoenlae.blogspot.mx/2011/06/por-la-derecha-por-favor.html

No preocuparse por la educación propia y de los hijos culmina en eso, en una parálisis del desarrollo y progreso de la persona. Por eso vemos a los pelados del barrio ser eso toda la vida (discúlpenme por favor por usar palabras clasistas..., no soy clasista, pero sí un tipo algo animoso).

Reitero, el tiempo solo no cambia a nadie. Es el ambiente culto más el tiempo aquello que cambia a las personas. Si leemos constantemente existen altas probabilidades de que las ideas recuperadas germinen en nuestra cabeza, y con el tiempo enraicen lo suficiente para modificar nuestra conducta. Sin eso, sin libros principalmente, estamos perdidos. Sin libros no dejamos de ser lo que somos por nacimiento, animales que saben hablar.
Mucho importa a quiénes oye cada quien todos los días en casa, con quiénes habla desde niño, cómo hablan los padres, los pedagogos, también las madres.
Esta frase lapidaria de Bruto (un orador romano) es la clave. En resumen, y con esto finalizo, hay que hacer lo posible porque nuestros hijos se críen en ambientes lo menos vulgares posibles (nosotros como padres debemos limitar nuestra vulgaridad al mínimo frente a nuestros hijos mientras éstos son aún pequeños). De otra forma, criaremos a nuestros hijos como perdices, patos o perros que sólo gracias a la bondad de Dios aprenderán a hablar.

domingo, 6 de noviembre de 2016

¿Futbol soccer? Por favor!

Con el mundial Estados Unidos 94 yo conocí el futbol soccer. Durante los siguientes años vi con gusto los partidos de la liga mexicana, y desde luego seguía casi religiosamente los partidos de la selección mayor.

Crestomatía. Imagen obtenida de http://www.taringa.net/posts/imagenes/17793142/Los-que-alzaron-la-copa-parte-2.html

Diez años después todo cambió. De pronto mi pasión fue convertida en asco y odio contra el futbol, más exactamente, contra el futbol mexicano.

Se entiende bien por qué los medios sobrevaloran una liga de futbol como la mexicana, que no es precisamente buena: el rating, el dinero, el poder. No sólo eso, el Estado muy probablemente tendrá que ver algo en la enorme promoción de ese juego deportivo. Las razones de esto último también parecen claras y no hace falta pensar mucho para encontrarlas: intentar alejar a la gente, en la medida de los posible, del México violento e infeliz que es.

Mi desencanto me ha llevado no sólo a no ver más los partidos, sino a experimentar molestia, por decir lo menos, al encontrarme con gente que hable del asunto. Pero hay algo peor, y es que mi disgusto sobre la liga mexicana de futbol y su selección mayor se ha posado sobre el futbol en general. Es decir, y a grandes rasgos, el futbol ha dejado de gustarme gracias a la gente que sí gusta de él.

Estoy acostumbrado a relacionar el futbol mexicano con gente inculta, salvaje, grosera. Para decirlo de una vez, tiendo a relacionarlo con el pelado mexicano, y esto me ha orillado a despreciar al futbol.


Crestomatía. http://eldeforma.com/2014/06/18/angel-de-la-independencia-estalla-fue-un-maldito-empate/

Finalmente, el futbol es sólo un deporte, y en este sentido en sí mismo no tiene absolutamente nada de despreciable. Lo que es aborrecible es la afición. La gente es siempre lo malo. Las personas, su educación y costumbres, son siempre lo malo.

Crestomatía. http://media.telemundo47.com/images/1200*676/tlmd_borrachos_mexico.jpg

Si los primates que gustan del futbol (como el animal estúpido de aquí arriba), y con esto finalizo, no se expresaran como lo hacen (como animales que no saben más que hablar de futbol con una cerveza en la mano), muestra clara las fotografías arriba expuestas, seguro jamás hubiera desaparecido en mí el gusto por este deporte. Pero gracias a ellos, ahora, se ha echado a perder otra cosa más en mi vida.