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domingo, 14 de enero de 2018

Los animales en el reino de los cielos

Si definimos alma como aquella cosa que piensa, imagina y siente, es evidente que animales y seres humanos tienen alma. Entonces, aquí la cuestión no es la de preguntar si los animales tienen o no un espíritu, sino la de si su alma va al Cielo, por ejemplo a aquel en el que piensan los católicos.

En su tiempo, Voltaire pasó por ser un descarado, un boquiflojo. Uno de los temas que abordó con cierto descaro en sus Cartas Diabólicas, digo, en sus Cartas Filosóficas, fue precisamente el tema del alma en los animales.

Voltaire dice que por mucha diferencia que haya entre el hombre más estúpido y un genio como Isaac Newton, nadie, nadie se atrevería a decir que hay más alma en uno respecto del otro, o que uno es más ser humano que otro. De tal modo que en ambos casos el alma es la misma, y la diferencia sólo está en las capacidades que cada quien tenga.

Crestomatía: http://animalcare.com.mx
Pues así las cosas, si vemos que los animales tienen órganos para sentir como nosotros, para sentir cariño y sentimientos muy parecidos a los nuestros, capacidades para trabajar y resolver problemas de cierta complejidad, etc..., si los animales tienen un alma que hace todo esto, ¿por qué razón sólo el alma de los hombres iría a parar al Cielo, y no la de esos otros animales?

Según Voltaire, la única diferencia que hay entre el alma de los animales y la de los seres humanos, es de más o de menos, justo igual que la que hay entre el hombre más estúpido y el más genio. Los animales podrán ser en general menos inteligentes que incluso el más tonto de los seres humanos; igualmente podremos encontrar en los animales un montón de conductas reflejas en las que no hay mediación del pensamiento, pero todo ello no tiene ninguna relación con el hecho de que su alma sea menos alma que cualquiera otra.

Crestomatía: https://www.seamosmasanimales.com
Ahora, si pensamos que sólo los seres humanos entramos al reino de los Cielos, termina Voltaire, es sólo por el orgullo humano que nos orilla a separarnos del resto de los animales; no porque haya una razón que ubique al ser humano en una especie tal que no tenga ninguna relación, ninguna, con el resto de animales.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Mi perro muerto

Alrededor de las dos de la tarde del viernes pasado entré a la sala, volví la vista a mi izquierda y encontré a mi perra acostada en su cama junto al sofá. Llevaba ahí postrada casi un mes completo.

Crestomatía: http://adopcionesperu.blogspot.mx
Entré a la cocina, me preparé algo de comer. Al regresar a la sala mi perra alzó su cabeza y me vió, como poniendo atención en lo que yo hacía. Fui directo a encontrarla y darle unas palmaditas en su cabeza flaca, carcomida por la enfermedad. "Hola", le dije, y ella, como habiendo obtenido lo que deseaba, posó su cabeza nuevamente en la cama.

La dejé descansar y regresé a comer. Al terminar volví con Guagüita, mi perra de trece años de edad. Acaricié su cabeza otra vez y me di cuenta que sus ojos no parpadeaban más. Seguía viva, respiraba aún, pero sus ojos habían dejado de moverse. Entendí que la muerte había llegado a la casa y aunque no la veía, estaba parada detrás de mí perra, custodiándola como a un criminal.

Crestomatía: http://www.zonaviajero.com
Casi toda la familia alcanzó a despedirse de ella mientras aún vivía. Cinco horas después finalmente se apagó la luz de sus ojos, y no volvió a respirar más. No la vi morir, yo llegué poco después, encontrándola sobre su cama, húmeda por el vómito de sangre que la muerte le hizo sacar antes de llevársela.

Ahora yo pienso, quiero pensar, que Guagüita se despidió de mí cuando ese día yo fui a comer y ella levantó su cabeza para mirarme. "Adiós", me dijo; y yo, sin saberlo, le contesté: "Adiós, adiós", con esas palmadas que le di en su cabeza blanca.

Yo aún no tengo muertos, personas quiero decir. Pero la muerte de mi perra fue una experiencia terrible, conmovedora.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El cielo seguro es tan malo como la tierra de los vivos

Demos por hecho que existe la vida después de la muerte, no se hablé más..., y para ir a donde queremos, demos también por cierto que nuestro espíritu de algún modo va a parar a un cielo, nada más y nada menos que frente a la presencia de Dios.

Crestomatía: https://www.paraloscuriosos.com
Según la teología cristiana (pensando de un modo que no pretende ser erudito ni exegético), a excepción de unos casos, todo mundo va a parar a ese lugar.

Si no sucede nada fantástico durante o después de la muerte, nuestro espíritu, es decir, nosotros mismos, seguiremos siendo justo y exactamente los mismos que cuando estábamos vivos, a saber, espíritus que traen consigo ideas intolerantes y violentas, espíritus insidiosos, que traicionan, que humillan... Y así como somos, seres descompuestos, auténticos detritos humanos, nos vamos a parar frente a Dios, y éste nos ofrecerá un lugar en el reino de los cielos.

¡Pero qué desvergüenza es ésta! ¡Ofrecer el reino celestial a animales sin honor como nosotros!

Crestomatía:http://hermandadblanca.org
¿Qué clase de Dios puede permitir a seres como nosotros entrar a su reino? Por más lleno de bondad que tuviera en el corazón, es un auténtico despropósito trascender al hombre en el cielo. El cielo, por tanto, no debe ser ningún paraíso. El cielo en este sentido no debe tener mucha diferencia con la Tierra de los vivos: un lugar donde los hombres se traicionan y humillan todo el tiempo, donde se discriminan y faltan a su palabra, igual, igualito que en el mundo de los vivos sólo que allá no habrá forma de escapar para salir de nuestro dolor, porque ya no tendremos cuerpo.

Crestomatía: http://elhorror.com.mx
¿Que al llegar al reino de los cielos seremos purificados de toda suerte de vicios? Esta fantasía teatral no entiende que al purificar los espíritus, éstos serían despojados de gran parte de lo que son, y por tanto debemos entender que la condición que los espíritus humanos debemos cumplir para acceder al reino de Dios, es dejar de ser nosotros mismos, convirtiéndonos en algo que no somos ni hemos sido jamás.